Porque cada vez que te miro me baja un escalofrío desde la coronilla hasta los deditos de los pies. De esos que te dejan buen sabor de boca pero que mientras te baja hace que te estremezcas y sientas miedo. Quizás miedo a perderte, quizás miedo por haberte conocido y ver que no eres tan cabrón como intentas demostrar pero sigues queriendo ser igual de cabrón conmigo como lo eres con los demás. Es extraño, no entiendo cómo dejaste que entrara tanto en tu vida y conociera tus más extraños secretos, como ese cuadro tan raro en relieve que adorna tu cuarto, o ese mundo que encierras en tus ojos. A veces me pierdo en él y nado en sus ríos de tierra y vuelo entre águilas naranjas. Otras veces te miro la nariz y no puedo evitar meter el dedo. Qué se le va a hacer si tú me dejas entrar tan adentro.
No es mi culpa que te haga sentir genial. Pero sí es culpa mía dejar que entres y salgas como si yo fuera una madriguera. No te equivoques, solo intento ser una pequeña habitante en tu mundo aparte. Pero no me gusta la forma en la que gobiernas ese mundo. No eres un dictador, eso está claro pero te acercas mucho a esos políticos corruptos que manipulan a la gente y les hace creer una mentira para conseguir su objetivo. Llevo años intentando descubrir cuál es tu objetivo conmigo, y lo lamentable es que, pese a haber descubierto todas tus mentiras y manipulaciones sobre mí, nunca he querido abandonarte. Perdón, podido. Pues claro que soy tonta por seguir sonriéndote cada día, pero tiendo a idealizar los recuerdos: ese ipod azul tan feo, Moulin Rouge, los bañadores de flores, los pelos en la espalda, mi azotea... y olvido todos tus errores. Además si te guardara rencor, ya te hubiera matado con la katana de mi padre así que agradece lo gilipollas que soy y dame ese jodido regalo tuyo que llevo esperando años. Da igual si no está envuelto en papel de regalo solo quiero que me pongas en una nota estas palabras: de parte de un oso polar al que se le ha derretido su casa, ojalá me dejes vivir en un pedacito de ese chupete que aún te estás comiendo. Sin embargo, sé que eso no pasará. Así que me conformaré con vivir de los recuerdos y mirarte a menudo para que ese escalofrío me siga recordando lo cabrón que solías ser conmigo.

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