Hace tiempo que llevo intentando escribir sobre un tema que
me parece fascinante. Pero sin embargo, no he podido. A lo mejor las estrellas
no estaban alineada con Júpiter en ese momento, o la Luna no me mostraba su
cara buena, quien sabe. Pero tras varios días luchando con mi mente, y sobre todo con mi corazón, me he lanzado al
foso de los leones para acurrucarme con ellos junto al portátil y escribir
esto.
Hace dos días, escuché a una profesora licenciada en psicología hablar de un tema personal con una alumna. De repente dijo algo que me sonó muy familiar: “Tienes que pensar con la cabeza no con el corazón”. Pensé que era la única que piensa que el corazón es algo estúpido y que lo único que hace es transformar la realidad, como un espejismo, para terminar cayendo siempre en arenas movedizas. La verdad es que esas palabras me motivaron mucho para escribir sobre esto.
Es difícil defender una teoría cuando todo el mundo te
intenta convencer de lo contrario y hasta tú misma la pasas por alto. Hoy en día la
gente se guía más por el corazón que por la razón. Y lo peor es que son
conscientes de ello. Me gusta pensar en la lucha que tiene la mente con el
corazón como un duelo a muerte entre dos pistoleros. El objetivo del duelo es
disparar antes para no terminar muerto. Pues bien, yo me imagino al corazón,
con su revólver LeMat con tambor de 9 cartuchos, a un lado del descampado
sacudiendo la tierra con gran confianza. Al otro se encuentra la mente,
sujetando una Smith & Wesson, modelo 10, calibre 38. La mente no se confía
sabe desde el principio quién va a ganar, sin embargo siempre lo sigue intentando.
El final es trágico a la vez que certero. Siempre consigue disparar primero el
corazón.
Pero ¿por qué hacer lo que nos dicta el corazón, si sabemos que es la decisión equivocada? Sinceramente aún no sé la razón. Pero me imagino que el corazón viene a ser uno de esos personajes miserables, estafadores, que intentan hacernos creer que esa persona que está en frente nuestra es la clave de nuestros problemas, que no hay nadie como ella y que haríamos todo lo posible por estar con ella, hasta sufrir. Y es que ese es el único objetivo del corazón, hacernos sufrir, prometernos el oro y el moro y al final dejarnos sin nada.
¿Qué nos pasa cuando hacemos, por una vez en nuestra vida,
caso a nuestra mente? El proceso es el contrario. La mente nos dice: “Vas a
sufrir ¿lo sabes?”, pero vale la pena sufrir al principio si luego nos damos
cuenta que esa persona no vale la pena tanto como para arrastrarnos por ella.
Nuestra conciencia se ve tranquila y en ese momento decimos: “Hice lo correcto,
aunque doliera”. Y a partir de ahí, empezamos a valorar más a nuestra mente y a
dejar encerrado en ese foso de leones a nuestro corazón. Sufrir es inevitable,
lo importante es ver qué resultado queremos conseguir. Así que si alguna vez en
vuestra vida hacéis caso a vuestra mente y no a vuestro corazón, enhorabuena.
Habéis tenido cojones. Pero cuidado, que no se os escape del foso.

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