Quiero que sepas que eres el culpable de que hoy me sienta extrañamente bien. No te disculpes. Sé que no fue culpa tuya querernos tanto y que si ahora estamos enfrentados es porque nuestros polos estaban en una lucha constante y de repente, se pararon. Vinieron distracciones, otros imanes que nos acercaron al precipicio, pero no juntos. Tú a un extremo de la mesa y yo a otro. Quién iba a decir que la caída fuera tan larga. Ya ves, aun no he llegado y ya te extraño. Pero es necesario esta separación, lo comprendo. No podemos hacernos más daño.
Llámame cuando necesites una amiga o un tobogán por el que deslizarte hasta mis hoyitos, allí estarás a salvo. Pero no lo hagas si tus intenciones nos llevarán a la confusión, a repetir los errores, a saltar al vacío de nuevo. Sabes que no puedo evitar tropezar contigo una y otra vez y aún así te sigues cruzando en mi camino. No te basta con verme llorar, tú necesitas que ruegue por ti, que te añore cada día más y que poco a poco vayas anidando en mi ser. Te pido una última cosa, si me vas a querer, hazlo bien.
No se si soy esa chica por la que volverías a cometer los mismos errores una y otra vez, pero podrías hacer algo para volver ¿no crees?

No hay comentarios:
Publicar un comentario