-Bueno, siempre quedarán los recuerdos.
No sé que hubiera pasado si la persona que me dijo eso
estuviera en frente mío. A lo mejor le hubiese dado un abrazo de esos que te
hacen temblar y no puedes evitar que una lágrima vaya huyendo por su hombro sin
retorno posible. Quizás habría ignorado la palabra “bueno”, y ahora me sentiría
la persona más feliz del mundo por mantener esos recuerdos… pero la verdad es
que no hay nada positivo en esas palabras. ¿Qué significan? ¿Qué me quieres
decir en realidad con esto?
Mantenemos los recuerdos porque sabemos que nunca más los
vamos a revivir. Queremos tenerlos latentes, a la espera de oler algún perfume,
escuchar alguna canción… para que viajen por nuestros lóbulos frontales y
acaben en nuestros labios, dibujando una sonrisa que más que felicidad,
transmiten nostalgia. Si nos paramos a pensar, es increíble cómo somos capaces
de reproducir una obra de teatro en nuestra mente y traer al presente cosas o
personas. Quizás por eso me dijo que era bueno que me quedara con los
recuerdos. Y no lo niego. Siempre estamos dispuestos a volver al pasado y ni
siquiera hay que moverse del sitio para visualizar una vez más sus ojos, sus
manos, notar el tacto de su pelo, que aunque no fuera el más sedoso del mundo,
lo echo de menos.
El problema de los recuerdos es que con el paso del tiempo,
si no se renuevan, se van difuminando cual cera deslizándose por una hoja en
blanco. Ya no recordamos tantos detalles. Por ejemplo, ya no recuerdo el número
de lunares que tenía su espalda, la mueca que hacía cada vez que nos quedábamos
mirando el uno al otro durante más de una hora… y lo grave es que ya no puedo
renovar esos recuerdos. El escritor Gabriel García Márquez dijo: “La memoria
del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese
artificio, logramos sobrellevar el pasado”. Tenemos un gran intruso que siempre
nos va jodiendo la vida, el corazón. No elimina nuestros malos recuerdos. Más
bien, es capaz de buscar los más recónditos y dolorosos de ellos, modificarlos
y engañar a nuestras emociones, todo esto sin darnos ni cuenta. Tampoco nos
hace sobrellevar el pasado. Al contrario, al magnificar los buenos recuerdos y
mejorar los malos, nos hace caer una y otra vez en la misma persona.
Y claro, teniendo en cuenta esto, ahora sí que veo razonable
el comentario de mi amigo: “Bueno, siempre quedarán los recuerdos”.
Espero que lo único que me quede de ti sean los recuerdos y
mi corazón me deje en paz de una vez y solo se ocupe de latir, porque no quiero
tropezar ninguna vez más contigo.
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