miércoles, 12 de febrero de 2014

Directos a El País de Nunca Jamás

Como ese conejo asustado dentro de la chistera esperando que alguien lo libere, como el sol en el ocaso que lucha por subsistir unos segundos más, como ese miedo instantáneo al abrir una puerta en la oscuridad. No hace falta decir qué pasará con todo eso ¿verdad?. Son cosas tan efímeras, que no nos damos cuenta en qué momento han volado a El País de Nunca Jamás. Pero lo hacen.

Odio la expresión "Como dos desconocidos que se conocen muy bien". No sé, influye inseguridad, conformismo, injusticia, ironía, desaliento, desesperanza, perdición... pero en cierta medida, esa frase tiene mucha razón. No hay nada más efímero y relativo que la amistad. No hablo de esos "amigos" con los que pasas un buen verano y luego no los ves nunca más, ni de esos que en cada pelea se juran odio eterno. Hablo de esas amistades verdaderas que se alargan en el tiempo y en el espacio. Sí, digo en el espacio porque van llenándote más y más, como si trocitos de ellos fueran alojándose poco a poco en cada rincón de tu cuerpo. De esas amistades que nunca olvidas porque se han ganado un hueco en tu corazón a pesar de que ahora ya no existen. Bueno, si la amistad se rompe es que entonces no fue amistad ¿no? Según el diccionario, para tener una amistad solo hay que compartir una inquietud y mantener una relación afectiva. Bueno, creo que hay más complejidad en esa palabra. Si lo tomáramos al pie de la letra podríamos tener una amistad con nuestro profesor. Pero para mí la amistad no es ser tener un conocido con el que hablar de ciertos temas y compartir inquietudes.

El amigo llega a formar parte de tu vida, a conocerte como nadie y a escucharte todo lo que haga falta. Solo necesitas mirarlo dos segundos a los ojos para saber lo que está pensando. No tienes que estar pendiente de si te habla o no, porque sabes que lo hará. Pero muchas veces sentimos tanto por ese amigo y hemos compartido tantas cosas que te invade un sentimiento de pena. Pena por saber que los demás no podrán sentirse como tú en ese abrazo eterno de las 8 de la mañana. Pena por saber que de esa amistad solo quedará humo. Humo de aquellos trocitos que se han quedado en tu cuerpo, y que poco a poco se van quemando irremediablemente. Humo de las cenizas que una vez fueron momentos. Humo que recubre nuestra mente de los últimos recuerdos existentes y que de pronto se esfuman. Ojalá sea a El País de Nunca Jamás. Ojalá vivir con tu recuerdo en ese maldito lugar.

Empiezas a pensar: ¿Que ocurrió exactamente?¿Fuiste tú?¿Fui yo?¿Crees que vale la pena empeñar tu orgullo para volver? Quizás caí en el error de valorarte más de lo que merecías. Di la puja más alta y perdí. Muchas veces me pregunto si estarías ahora mismo a mi lado si ese mes no hubiese existido, si nos hubiésemos quedado en el intento y solo nos hubiésemos comido con los ojos y no con el alma. Pero mis colmillos resultaron estar más afilados y devoré lo poco que te quedaba. Siempre se nos dio bien odiarnos pero mejor se nos da querernos y aún así decidiste marcharte de mi lado, dejarme sin opción. Ya no puedo ni odiarte ni quererte. Solo me queda ese hilillo de humo que mantiene vivo tu recuerdo, pero no creo que aguante mucho dentro de mi y tendré que dejarlo salir un día de estos y gritar. Gritar como nunca de impotencia por no poder hacerte volver. Tu tomaste tu decisión y ahora soy yo la que tengo que cargar con ella.

Pero como bien dije, la amistad es efímera. Por eso a  veces tienes que aceptar el hecho de que algunas personas han entrado en tu vida como una felicidad temporal, no como una amistad eterna, porque de esas ya no existen.




No hay comentarios:

Publicar un comentario