jueves, 27 de febrero de 2014

Doler hasta dejar de sentir

¿Cuánto tiempo ha pasado desde el primer error? Trescientos sesenta y cinco multiplicado por dos menos dieciocho por siete menos, a su vez, cuatro días. Esto suma un total de seiscientos días de vacío, seiscientos días de tu total ausencia.

Nunca tenemos en cuenta la suma de nuestros errores, son tantos... no se si esto os pasará a vosotros, pero recuerdo cada momento, minuto y segundo de mi primer gran error. Un largo día de verano, en el que no podía sentir ni los espíritus de los altos montes. Solo sentía nervios y un calor subiéndome por entre los dedos, como si algas fueran diluyéndose en mi interior. Entonces subí, muy alto, hasta la estratosfera, aproximándome por milímetros a la ingravidez. Me faltó muy poco, os lo juro, pero la gravedad una vez más ganó, por eso de que las cosas caen por su propio peso.

Y eso fue lo que pasó, caí. Velocidad estimada de la caída: ¿nueve coma ocho metros por segundo al cuadrado? Ni hablar. Caí tan rápido que no logré ver el suelo, seguí cayendo hacia las entrañas de mi mundo, pasando por mi corazón, mucho más adentro, debí coger un atajo porque no vi mis principios por ninguna parte. Entré en el bucle de mis pensamientos, la conciencia no paraba de gritar pero poco a poco se convertía en un grito sordo. Me aventuré hacia mis impulsos que no paraban de reaccionar y moverse, jamás los había visto tan excitados. Entonces llegué. Llegué a lo más oscuro de mi interior. Un lugar muy pequeño pero cargado de viles sensaciones que me producían un extraño sentir. Nunca había visto ese cuarto oscuro. Entonces me odié, ¡vaya sensación! Pero no he podido parar de odiarme desde ese momento. Quise pensar que el detonante de todo fue un estúpido chico de apariencia bondadosa pero que en el fondo era tan hombre como todos. Pero en realidad el detonante, una vez más, fue tu ausencia.









No hay comentarios:

Publicar un comentario